ALQUIMIA ESPIRITUAL

Soledad

Una mañana ingrata me destierra de mis sueños para encontrarme con la realidad. No es un día para multitudes, ni colas, ni tráfico, ni trabajo, ni forfait. Preparo mi mochila con el material de montaña y en unas horas me encuentro en un valle, lejos de la gente y rodeado de un circo de orgullosas montañas que ni siquiera se dignan a observarme.
De repente me doy cuenta de lo hierático que es el escenario. Nada se mueve, nada se escucha, nada respira. Solo yo y mi soledad.
Una soledad que vive conmigo en esta celda de ideales que cada vez tiene menos espacio, obligándonos a conocernos más y más. Una soledad que me impuso esta vida desordenada, y que poco a poco se ha ido ganando mi confianza.
Una soledad que ha estrangulado mis pensamientos para conseguir una gota de iluminación. Una gota que intento atrapar, pero que se escurre entre mis dedos, cae al suelo y se desliza por la pendiente torcida de la vida hasta juntarse con más gotas, que ya forman un mar de preguntas sin respuesta.
Soñador, fui, en las noches. Ahora persigo sueños con soledad, mi etérea compañera. He olvidado esos sueños en los que cargaba mi mochila con tantas ilusiones que me obligaron a vivir de rodillas. Ahora, más despierto que nunca, me doy cuenta que no existe un pasado ni un futuro, solo un presente que es mejor vivir erguido.
En este valle estoy olvidado, y quiero estar así, no hago nada para ser recordado en un mundo en el que los desconocidos me respetan más que los que dicen ser amigos. Un mundo en el que el amor de una pareja se acaba convirtiendo en el egoísmo posesivo de una mirada fruncida y el único amor eterno y sin restricciones que encuentro es el de mi familia.
Y he aquí mi condena. Que la soledad me acompañe en la más plena de las compañías. No lo puedo evitar, no puedo escapar, tan solo me queda disfrutar de su comitiva.
Sin tan solo pudiera tocarla...
Cierro los ojos y dirigiéndome a este valle encantado le pido:
Ser fiel conmigo mismo, permanecer erguido aunque este muerto, no confundir los sueños con lo cierto, fundirme con las rocas, los árboles, la niebla y el viento, y que ellos sean mis amigos.
Permanezco unos segundos más con los ojos cerrados, esperando una respuesta, que se que no llegará. Al abrirlos, todo sigue igual.
Me doy la vuelta para proseguir mi camino y sorprendentemente descubro una mujer detrás de mí, observándome.
No se por qué, pero no me asusto. Es la primera vez que veo ese rostro, pero su presencia me es familiar.
Tiene una estatura parecida a la mía y un cuerpo proporcionado. Unos desordenados bucles de color oro escapan al abrazo de su gorro de lana, cubriendo media frente, bordeando unas largas pestañas y estrellándose contra los hombros. Los ojos color melaza son tan grandes que apartan bruscamente a los párpado de su camino. Sus rasgos eran dulces y su belleza se veía sublimada con el tono de miel que había tomado su rostro al estar expuesto al sol de la montaña. Su boca permanecía entreabierta, dejando entrever unos dientes blancos y una respiración de cadencia sosegada que denotaba serenidad.

Le pregunto :
- ¿Quién eres?
No recibo contestación. Ella da un paso hacia mí, colocándose tan cerca que nuestros alientos se chocan. Levantó su mano y hundió sus dedos entre mi oscura y enmarañada cabellera. Yo incliné mi cabeza agradeciendo sus caricias y cerrando los ojos nos fundimos en un tierno beso.
Al rato, desunimos nuestros labios, pero permanecimos muy juntos, tocándonos las frentes y mezclando nuestros cabellos.

Entonces ella contesto:
-Soy yo, Soledad.

Reinvención

"Hace falta reinventarse, para no acabar siendo otra ausencia.

 

La realidad hace sangrar tus ojos y te sientes morir a pesar de estar más vivo que millones de personas que te rodean.
Hueles tu propia enfermedad. Una enfermedad creada por tu propia mente y que va apoderándose de todo el espacio físico de tu ente, hasta que arrastras un cuerpo pesado e inútil.
Piensas que no hay futuro como el pasado.

No hay marcha atrás. Pero si solución.

Escupe la receta de la vida que escribieron otros por ti. Devórate por dentro, desde las entrañas hasta el cerebro. Arranca tu piel a tiras y quédate en el blanco de los huesos, arranca tus ojos y tíralos al suelo, písalos sin miedo, ciego. Atraviesa tu cráneo de lado a lado con una estaca mientras prendes fuego a tus huesos, conviértete en cenizas y desaparece.

Ahora, en alma, intenta crearte de nuevo. Encuéntrate, en ese sitio oscuro y etéreo en el que te hallas, y reconstrúyete desde el interior. Refuerza tu corazón, con placas de titanio y prepáralo para la decepción. Mantén lava fundida en su interior, y no dejes que se quede congelado. Construye un cuerpo nuevo, formado por más cal que arena. Fabrica una mente que solo se exija a si misma, y no espere nada de los demás, y que encuentre pensamientos dignos de expresar ante la gente. Reviste tu cuerpo en relación a tu alma, que lo de afuera exprese lo de adentro. Acéptate y pregúntate que capacidades tuyas tenias escondidas y utilízalas cuando te enfrentes a un nuevo desafío.

Y ahora que te has fabricado un nuevo cuerpo, te conoces. Sabes tus debilidades y eso te hace más fuerte. Mantén tu persona a salvo del resto. Mantente a ti fuera del alcance de aquellos que quieren llegar a cambiar lo que eres. Decide tu lo que eres, y lo que serás. Lo que fuiste, ya no se puede cambiar.

Respira. Que esa primera calada de aire inunde tus nuevos órganos de vida.

Abre los ojos. Que esa primera mirada riegue tu mente con conocimiento.

Y ahora deslízate por esa montaña vertiginosa y escarpada que es tu vida. Encera tu tabla con tolerancia y respeto a partes iguales. Protege tu cuerpo con ropas fabricadas contra la envidia y la ira que salpicaran tu rostro en cada giro. Salta las rocas que aparezcan en la línea que TÚ has escogido. Piensa en salidas alternativas, para que la avalancha de las decepciones no decida por ti. Y vuelve siempre.

Y solo entonces, vivirás de nuevo.

La Tierra se Muere

Camino lejos de Babilonia, hasta que la cacofonía del tráfico y el olor furruñoso de la ciudad se transforman en un silencio aparente. No confío en las apariencias.
Me dejo caer de rodillas e inclino mi torso colocando mis manos en el verde suelo. Me desplazo hacia delante, formando surcos con mis dedos. Bajo la cabeza y coloco mi oreja en la tierra. Cierro los ojos y me concentro. Las hebras de hierba se introducen en mi oído hasta llegar al tímpano, y actuando como terminaciones acústicas me hacen escuchar más allá de las apariencias. Escucho un sonido rítmico, afónico y forzado.
Es la tierra que respira.
Es una respiración quejumbrosa, agónica. Una respiración que refleja un esfuerzo derrotado por una inconsciencia ajena.
Una respiración que se convierte en un llanto. Un llanto cuyas lagrimas no puede absorber y encharcan pueblos e ilusiones.
La tierra esta enferma.
Su sangre esta ardiendo, y derrite poco a poco el hielo, el cual antes se encargaba de mantener el equilibrio con el fuego.
La tierra tiene fiebre, y se convulsiona.
Sus convulsiones revuelven los océanos, formando gigantescas ondas de agua que inundan las costas, bañando cadáveres de aquellos que nunca jamás fueron culpables.
La tierra esta tiritando de fiebre, y sus vertebras se resquebrajan en los poblados, tragando familias enteras junto a sus secas pobrezas. Su piel se reseca y se agrieta con dolor, formando llagas que dejan entrever sus adentros.
La tierra tiene un virus.
Somos nosotros. Un troyano que diseño el propio sistema. Un sistema que comercializa el aire, el suelo y el agua y permite que todos lo hagan en pro de la buena vida y no de la vida buena.
Un virus que se desmanda y crece sin mesura; en años y en estatura, en poder y en capacidad técnica para dominar el mundo, en ambición también, en consumo, pero no en virtud y en responsabilidad. Gastamos a tope, lo que tenemos y lo que no pensamos en tener: un futuro.
Un virus que se vomita a si mismo, incrementando la abominación de su poder cada vez que lo hace.
La cura existe pero no nos queremos curar. En lugar de eso, intentamos acostumbrarnos a pagar lo que tenemos que pagar por vivir,comer, beber y hasta por sentir.
La tierra se muere, y dudo que en su funeral haya espectadores.

 

¿Cuál es mi recompensa?

Como para muchos otros, mi recompensa es la libertad: no la ilusión de la libertad de elegir este tipo de vida, sino la libertad de confiar en lo que te dice el corazón.

Todo en la vida es un reto. Puedes asumirlo, para mejorar y conseguir acercarte a la autorrealización, o puedes tomar el camino fácil y asfaltado con la efímera gravilla de tus mentiras, las cuales saldrán vomitadas de tu boca para engañarte a ti mismo y a tu entorno social.
El snowboard tiene que ver con el crecimiento personal, ya sea en competición o en la montaña los fines de semana; te ofrece la posibilidad de ponerte a prueba de maneras que no son posibles en la vida cotidiana. Evidentemente, existen riesgos, que son iguales para todos y en los que todos somos iguales. Tienen que ver con la obsesión, con la adicción a querer hacerlo mejor, mas alto, mas rápido….
En nuestra mente están todos nuestros miedos; reconócelos y ponlos en conocimiento de la gente que aprecias y respetas. Solo entonces tus miedos pasaran a ser tus metas, y después, tus logros. Puedes soñar con ser el mejor snowboarder del planeta, o soñar con una gran nevada que te permita ser la persona más feliz del mundo. No es mas ni mejor aquel que hace mejor snowboard, sino aquel que, llevado por la belleza de lo que hace, siente mas intensamente.
La industria pone a nuestra disposición nuevos materiales que nos facilitan el camino hacia nuestras metas. Estas mejoras en el material solo ofrecen avances limitados. Que no te engañen: el verdadero desarrollo de nuestro deporte reside en la mente, y eso no se vende ni lo encuentras en revistas del sector. No te equivoques, las reglas del juego deberían cambiar, paralelamente al desarrollo tecnológico; de lo contrario algún día acabaras engañándote a ti mismo, pensando que eres mejor que los pioneros.

No lo olvides: nada seria posible, si alguien no lo hubiera intentado primero.

Si eres bueno en esto y no alcanzas tus metas, no te preocupes, porque nuestro deporte se esta redefiniendo y muchas de esas decisiones están en manos de personas extrañas, que nunca se han puesto una tabla. Eso beneficia a riders especuladores comeculos y con másteres de marqueting, no a los virtuosos y radicales. Redefine tus metas a partir de tus miedos, y no a partir de la industria y tu entorno social.

Si no confías en lo que te dice tu corazón, algún día te sorprenderás a ti mismo y te verás entre un grupo de gente que no se valora lo suficiente a si misma como para hacer algo de su persona; gente que solo hizo lo que tenia que hacer y nunca lo que pudo haber echo, gente que lee esto párrafos buscando excusas e imaginándose un escritor prepotente y narcisista que escribe sin tener en cuenta que no todo el mundo puede perseguir sus sueños

¿Crees que no tengo razón por que no conozco tu historia? No me hace falta.
¿Crees que tu historia es mas dura que la de tanta gente que ha gritado BASTA y ha intentado parecerse al protagonista de sus sueños?
Si es asi, el prepotente eres tú; y si no, yo tengo razón.

 

El cielo puede esperar

Nuestro deporte, el snowboard, clasificado como de riesgo, siempre se ha llevado bruscamente y sin aviso a muchos. Otros, con más suerte, hemos tenido que sentir su pérdida. La gente que rodea a este entorno sin formar parte de él, se pregunta por qué arriesgamos nuestra vida, y no encuentran respuestas lógicas e intentan encontrarlas en los tópicos, (cimientos de una vida gris).
No me asombro al escuchar chismorreos a mi alrededor después de uno de esos trágicos días. Algunos comentaban: “ya te lo decía yo”, como satisfecha de si misma. Otros preferían la paz de hediondas racionalizaciones como, “estaba preparado para ello” o “era su destino” o peor aun, “murió haciendo lo que más le gustaba”.
¿Cambian estas frases el color de la realidad si hubiera sido atropellado por un conductor borracho? Seguro que nadie encuentra consuelo en el destino después de que un amigo muera en la autopista.

No sé lo que puede llegar con la muerte, cuando poco a poco empiezo a comprender lo que viene antes: la vida que estamos viviendo en estos momentos. He perdido muchos amigos por los encantos de una montaña que rezuma nieve recién caida. La belleza de esos lugares está matizada por la amenaza y el peligro, sin ellos, sin este lado oscuro, muchos no sentiríamos la misma belleza y atracción. Para todo el mundo y en todas las situaciones, lo inaccesible siempre es lo más deseado.
Entiendo que este estilo de vida puede acabar matándome, pero no es distinto al estilo de vida arriesgado de un taxista, un policía, un traficante de drogas o un jefe de estado. En mi caso, un descenso con problemas controlados, por una montaña expuesta a avalanchas riega una semillita de insatisfacción. En el caso, por ejemplo, de un taxista, no creo que sienta ningún tipo de autorrealización cuando finaliza un servicio sin ser atracado.
Mucha gente muere y el único acto de bravura de su currículo consiste en levantarse por la mañana antes que los demás, no estar de acuerdo con su jefe y comentarlo en los descansos con el resto de trabajadores, engañar a su mujer o emborracharse en fin de año. Tal vez tienten lo desconocido fumando un porro o visitando paginas en internet “prohibidas”.

Esta gente, que murió regando sus semillas deben de seguir en nuestra memoria, no deben ser olvidados. Debemos aprender de sus lecciones en vez de ignorarlas, tragarnos el dolor para hacerlo parte de nosotros en vez de empujarlo a un lado. El mundo que conocíamos junto a estas personas se ha terminado. Pero viene otro pisándole los talones. Ha cambiado el paisaje y, felices o tristes estamos aquí para vivir y para contarlo y a demás… El cielo puede esperar.

 

 

Felicidad

En el principio de los tiempos los Dioses vivían en la más aburrida felicidad. No tenían preocupaciones. Sus deseos dejaban de serlo en el mismo momento de pensarlos, y pasaban a ser hechos. Hacían snowboard todo el día, sin sentir cansancio ni miedo. Sin sentir satisfacción al realizar algo que rozaba sus límites, ni aprender de las decepciones para superar las siguientes. Su snowboard empezó a ser aburrido y rutinario.

Un día decidieron reunirse todos para solucionar la desidia en la que estaban cayendo. Les gustaba hacer snowboard, pero sin riesgo no tenía sentido, y ellos eran inmortales. Después de mucho pensar, decidieron crear al hombre. La idea era crear al hombre a su imagen y semejanza, con su fuerza e inteligencia, pero con ciertas limitaciones para nunca llegar a ser dioses y poder rivalizar con ellos.

La primera diferencia fue reservarles el derecho a la inmortalidad para una vida posterior, así podrían concebir el snowboard de una manera diferente, afrontar riesgos y superar sus miedos.

La segunda era esconderles el secreto de la felicidad, y para cumplir ese objetivo surgieron varias propuestas.

El primero en hablar dijo: Vamos a crear a los esquiadores, así perderán el tiempo con estúpidas rivalidades, envidias y comparaciones; a lo que inmediatamente repuso otro: Tarde o temprano se darán cuenta de que sus diferencias no existen, que son entes con un mismo fin en caminos diferentes, pero paralelos.

En esto, otro dios se levantó y dijo: Podemos crear una industria de snowboard ambiciosa y oportunista, pensada en explotar y manipular las sanas y libres ambiciones de todos los riders. Una industria que apoye mas de las ratas de park, que al rider que respira la propia esencia del snowboard, concebido en la montaña. Y otro contestó: algún día, la industria estará dirigida por los propios riders. Personas que no olvidarán la ilusión de sus inicios, el respeto inherente de su madurez y la complejidad del freeride. Se encargaran de dirigir sus esfuerzos hacia la evolución libre y natural del deporte.

Otro dijo:Podemos confundir a la nueva escuela y hacerles creer que el snowboard es descender por pasillos de nieve pescadería y deslizarse por un cajón de hierro y metacrilato, mientras un puñado de público ignorante aplaude las caídas mas duras. (Tampoco esta idea fue aceptada).

El último de ellos, era un dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo: creo saber donde ponerla para que realmente nunca la encuentren. Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: ¿dónde?
La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán. Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así.

El hombre fue obsequiado por los dioses con montañas magníficas, y en ellas realizaban un snowboard muy diferente al que ellos conocían. El riesgo empezó a ser afrontado con valentía y el miedo fue superado con inteligencia. Empezamos a aprender de los errores más que de los triunfos y descubrimos un sentimiento nuevo, la autorrealización. Ese sentimiento, desconocido por los propios dioses nos llevó a la felicidad, y por tanto, también somos dioses.


Por eso, debéis comportaros como tales. Eso si, vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro, no dejéis que el ruido de las opiniones de los demás silencie vuestra voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo, ellos ya saben lo que tú quieres hacer.
Hacer snowboard como si fuerais a morir mañana, y ser felices como si fuerais a vivir siempre.

Vendo mi alma

Hoy me desperté pensando...
Incontables montañas de informacion arañaban las paredes de mi cerebro.
Alegria, tristeza, inseguridad y decepción, se funden en un amalgama de sentimientos que hacen resetear mi sueño.
Me incorporo hacia adelante y observo dónde estoy.
Es verano.
Me siento cansado.
Cansado de las cosas que no pasan, y de aquellas que suceden sin llamarlas.
Cansado de engañar y ser engañado.
Cansado de luchar por un pedazo de montaña y vender mi alma a babilon para alquilarlo.
Cansado de morir ahora bajo el sol para vivir luego congelado.

Hoy me desperte pensando....
Si merece la pena seguir luchando.
Si merece la pena seguir siendo un intruista en este mundo gris verano, de sudor y de trabajo.
Si amigos que ya han abandonado, estaban en lo cierto o se han equivocado.
Si en verano soy yo el único tonto o hay papás pagando.

Hoy me desperte pensando...
Si la primera bajada de la temporada contestará mis dudas y secará mis llantos.
Si el monopolio de mi montaña será real o un engaño.
Si mi amor aguantará una temporada mas o muchos años.
Si este año habrá nieve, o de cañones estamos hablando.
Que cuando mas pienso algo, menos sentido le alcanzo.

De pronto....
Decidí sentir y dejar de pensar tanto.
Por que nada es por nada y termina siendo todo.
Por que el cambio de todo empieza en uno mismo.
Por que yo no elijo mis sueños, solo el camino que lleva a ellos.
Por que mis sueños conseguidos con dinero, dejarían de serlo, para convertirse en cero.
Por que no es opción la del fracaso.
Por que el espejo de la vida solo te sonrie si la miras sonriendo.

Asi es la vida, asi el ser humano, artista en sacar conclusiones suficientes de premisas insuficientes.


Tomé mi café, leí mi diario, terminé de escribir y comencé mi itinerario, hacia un trabajo, socialmente aceptado.

Y al final, solo es que.....
Vendo mi alma por verano para sentir la vida seis meses al año.

 


 

No es tiempo de llorar

De no haberme ocurrido a mi seria una escena divertida...

A ella no le gustaban mis temporadas en la montaña de casi seis meses en los últimos inviernos. Luego, por el verano las olas del mar las escaladas y mis amigos copaban toda mi atención, dejándola a ella en un segundo y ultimo plano.
Charlábamos sobre ello en la terraza de un restaurante, donde nadie nos conocía y solo éramos una pareja de extraños personajes con una conversación acalorada.
Yo tenia un nudo en el pecho, sabía que esta era la última vez que hablaríamos de nosotros. Notaba su descontento desde hacia meses, faltaba poco para que empezase la temporada de snowboard, y yo sabia que ella no se quedaría esperando unavez más.
Sin poder aguantar más la espera lo dije todo en una frase.
-Podrías venir a pasar las vacaciones de Semana Santa a la montaña, te encantaría.
Ella me miró con rabia, me conocía demasiado bien. El significado de esa frase discernía muchismo del literal, en realidad, el significado real, el que ella ya había descifrado era: me voy a ir de todos modos, estés de acuerdo o no de seguir teniendo una relación con migo.
Al ver su reaccion, yo continué.
-No quiero perderte, pero ahora el snowboard es lo mas importante para mi y quiero ganarme la vida dentro de ese mundo (comprendo lo estúpida que puede parecer esta frase si no la escucha alguien que también piense lo mismo)

Ella sacó uno de sus cigarrillos del bolso, lo enciende con una calada profunda y me echa el humo a la cara mientras hace un gesto al camarero para que le traiga un cenicero.

Sabía que era el turno de callarme y aguantar, apretando la mandíbula, todos los reproches que me tenia merecidos.
-Vic, sabia que te marcharías otra vez, de la misma manera que tu sabias que yo no me quedaría esperándote. Tal vez si este tiempo que has estado aquí me hubiese sentido parte importante de tu vida estaría dudando. Pero no dudo. Sé que soy una pequeña parte de tu mundo, sin la cual, nada cambiaría. He intentado comprenderte, pero lo único que veo es egoísmo y pocos huevos. Ya no me puedes dar lo que necesito.

Yo estoy acostumbrado a salirme siempre con la mía, a dar la vuelta a las palabras y rebatir cualquier postura, pero no me imaginaba una reacción tan fuerte y decidida por su parte, su despedida incondicional calaba hondo, pero cuando me disponía a responderle, ella continuó.
-No me interrumpas, nada de lo que digas me va hacer sentir culpable de esta ruptura, hice todo lo posible para entenderte pero ya no puedo más. Te ayudaré a preparar tus cosas, te podrás quedar en casa y si lo necesitas te dejaré dinero. También puede que alguna vez deje que me hagas el amor, pero una vez te hayas ido se habrá acabado, para siempre.

No estaba seguro de lo que estaba pasando, estaba mudo, no me imaginaba esta reacción tan meditada y probablemente cebada por sus amigas y algunos rumores de infidelidad por mi parte. Yo quería su odio, que me echase a patadas de su casa y no tuviese que sentir remordimientos, compadecerme de mi mismo y buscar ahí la motivación para hacer snowboard. En lugar de eso, ella se limitó a enseñarme donde esta la puerta. Yo aceptaría su ayuda, su techo, dormiria con ella y todavía no sabia si le pediría algo de dinero.

-Vic, di algo. Si de verdad significo algo para ti, di algo, puede que no cambies las cosas pero te habré escuchado y me ayudará a pasar por esto.

Luego, dulcemente:
-Cómo he deseado que me dijeras que me querías. Nunca entendiste lo mucho que necesitaba eso de ti. No creo que sea mucho pedir que me lo dijeras de vez en cuando.
Yo miraba inexpresivo, sin saber manejar la situación.
Tras esperar una respuesta que no llegaba, dijo:
-Venga Vic, di algo por favor. Sabes que no soporto tus silencios, venga ayúdame.
Por su tono de voz y el lenguaje corporal me di cuenta de que podía arreglarlo todo con una caricia, pero no quería ser mas egoísta. Tenia razón, ella no formaba parte de mi vida. Me planté rápidamente arreglarlo todo, en decir algo bonito y fingir un poco, para así ganar esta batalla y conseguir otra tregua de seis meses.

Pero sin saber por qu´e, cogí su cigarrillo, lo apagué bruscamente contra el cenicero, y dije:
-No me perdonarias que me fuera y yo a ti tampoco que me encerrases en tu mundo de cemento y hormigón. Te quiero mucho, pero tal vez en mi vida no haya lugar para una mujer con unas pretensiones de vida iguales a las de los demás. Estudiar, trabajar, casarse, hipotecarse ... Siento que hayas perdido el tiempo conmigo.
Me levanté despacio de la silla, me subí las gafas de sol para ocultar mis lágrimas. Pagué la cuenta con un billete arrugado y dejé una propina absurda para no tener que esperar.

La miré resignado. Su rostro era un silencioso grito de tormento. Los hombros se desplomaban por su peso. Yo ignoré su dolor.
-Recogeré mis cosas mañana mientras estés en el trabajo, me quedaré con mis padres hasta que me marche. Estaré un tiempo fuera de contacto. No quiero saber con qué tipo de hombre acabas. Adiós, te quiero.

Entonces no sabia que esta escena se repetiría muchas veces a lo largo de mi vida, cambiando las edades, nombres, decorados y papeles, pero llegando siempre a la conclusión de que este tipo de vida solo se puede vivir....SOLO.

De todas maneras creo que la mujer es un bonito templo de oro con cimientos en el lodo.

Mi muerte

 

Pasó una hora antes de que pudiera mover las piernas. La roca me golpeó con tanta fuerza que pensé que me había roto la columna vertebral, y así hubiera sido de no llevar puesta mi tabla de snowboard en las cinchas de la mochila.
Todas mis ilusiones y proyectos desaparecieron con esa roca.
Mientras caía, un montón de fotogramas de mi vida pasaban delante de mis ojos y sobre todo su imagen. Hacía poco tiempo que la conocía, y me sorprendió que le hubiese dedicado mis últimos pensamientos.
Estaba convencido de que mi cuerpo acabaría retorcido al pie de esa vía.
Los pensamientos tenebrosos acabaron en seco cuando el piolet se enganchó y me quedé colgando de la dragonera. Eso detuvo la caída. El impacto seco fue tan fuerte que mi hombro quedó dislocado. Por un momento sentí alivio y felicidad, pensé que después de este afortunado enganche, este contratiempo seria una más de esas historias que se cuentan en los bares con amigos y cervezas.
Poco después me di cuenta que lo único que había conseguido era alargar la agonía de mi muerte. Colgaba de una altura de setenta metros de caída libre, sin obstáculos, de un brazo dislocado y las piernas apenas las sentía. El piolet no aguantaría mucho más, era un piolet ligero, de apoyo, y no estaba fabricado para aguantar mucho peso. Me entró miedo. Siempre pensé que la muerte me vendría en la montaña, de una manera rápida. Escalaba esta cara norte para sufrir, para experimentar el placer masoquista de arriesgar mi vida por placer, pero no pensé que fuera a perder esta partida.
La roca era enorme, del tamaño de un barril de cerveza. Cuando me golpeo, no oí que se rompiera ningún hueso, pero no podía mover las piernas. Mis intentos de buscar apoyos con mis pies se asemejaban a los coletazos sinuosos de una sirena fuera del agua. Me di por vencido.
Mientras colgaba como un saco, a lo lejos, pude ver la línea de un telesilla de la estación de ski de Baqueira. Contaba las sillas pasar, y lo hacia para no pensar en la realidad. Sillas que desde tan lejos no eran más que puntos negros sobre el fondo nevado de una montaña. Sabia que en esos remontes iba gente totalmente ajena a mi desgracia, personas que disfrutaban de un gran día de ski exento de riesgos inútiles. Me acordé de ella. Tal vez estuviera en alguna de esas sillas. Pensé en como le sentaría mi muerte, cómo se lo dirían, quien... la sola idea de imaginarme su dolor me hizo tensar la mandíbula y gritarme a mi mismo. Lucha por tu vida hijo de puta. Empecé a mover los dedos de los pies, uno por uno. Cada vez que lo hacía, un dolor interno recorría mis piernas hasta la cadera. Poco a poco empezaba a recuperar la vida en mis piernas y empecé a buscar apoyos para las mismas. Tensé mi brazo, totalmente dormido por la tensión de la dragonera alrededor de mi muñeca, casi pude oír el chirriar de los músculos de mi antebrazo. Localicé una presa donde colocar mi pie izquierdo pero estaba por encima de mi rodilla y alejada unos treinta centímetros. Necesitaría hacer un bloqueo con mi brazo para llegar a ella y no sabía si el piolet aguantaría, y tampoco si yo podría realizar el paso en mi estado. Cerré los ojos y pensando en ella me decidí a intentarlo.

Mi brazo empezó a tensarse y noté un dolor muy agudo, era el momento de abandonar o luchar. Intente abstraer el dolor de mi cuerpo y continué tirando de mi cuerpo hacia arriba mientras doblaba la rodilla y buscaba con la punta de mis crampones encontrar la maldita grieta. Mi boca vomitó un grito de esfuerzo, mientras subía la barbilla y cerraba los ojos, ya no miraba la presa, pensaba que era el fin hasta que sentí como mi pie encontraba su meta y pude desahogar la tensión en mi brazo. El primer paso estaba hecho, pero ahora estaba en una posición sin vuelta atrás y con poco tiempo para pensar. Para alcanzar un agarre seguro necesitaba coger un canto grande que sobresalía de la montaña pero necesitaría realizar un bloqueo dinámico sobre el piolet y lanzar mi mano derecha hacia el canto. Era el todo o nada. Si conseguía alcanzar ese canto no me quedaría mas que trepar ocho metros hasta la salida mas próxima. Haciendo un esfuerzo supremo tensé la musculatura, ignorando los calambres, y me lancé a por ese canto...
En ese momento la roca se libera de mi abrazo. Mi cuerpo desciende a gran velocidad, golpeándose con la montaña y realizando todo tipo de piruetas incontrolables. No siento miedo ni dolor, casi alivio. Cierro los ojos y espero que mi cuerpo impacte contra el suelo.
No se cuanto tiempo pasa hasta que abro los ojos.
Hace un día espléndido, el cielo es de un azul más infinito de lo normal. El aire que respiro es puro, y a mi alrededor, un grandioso circo de majestuosas montañas recubiertas con un manto blanco de powder sobrenatural me saluda. Las largas crestas y aristas del macizo montañoso que alcanzo a ver brillan como el marfil y descienden formando cimas y collados creando una verdadera sinfonía de posibilidades alpinisticas.
Tan asombrado estoy que no me había percatado de la presencia de unas siluetas que van tomando forma mientras mi retina se acostumbra a la gran luminosidad del lugar. Empiezo a reconocer el rostro de una persona que se adelanta al resto y se acerca a mi. Es Ice Tonio Romero.
En ese mismo instante, me doy cuenta de que estoy muerto.
Miro por encima de sus hombros y empiezo a reconocer otras personas desaparecidos en la montaña. No todos son riders, algunos van vestidos con ropas muy antiguas y materiales obsoletos de escalada. Me miran con respeto y vehemencia.
Ice esta tal y como lo recordaba, su sonrisa me tranquiliza, me coloca su mano en el hombro y me dice:
-No tengas miedo, has llegado a la cima de todas las escaladas. Este es el cielo, el de todas las personas que se entregaron a la montaña y quisieron formar parte de ella a cualquier precio. Ya eres parte de ella, ponte la tabla y acompáñame.

Me incorporo y sigo sus instrucciones sin vacilar, como siempre había hecho.
El ritmo que produce la carraca de mi fijación disminuye su tempo cuando comienzo acordarme de toda la gente que dejo atrás. Mi familia, mis amigos y ella. Pero ahora no siento pena, sino felicidad por saber que ellos también tendrán su cielo, tan bonito como el mío.

Ice me mira, y con su hierática sonrisa mapuche me hace un gesto para iniciar el descenso. Comienzo a deslizarme, y en cuanto tengo velocidad suficiente para realizar los primeros giros empiezo a sentir una sensación primeriza de bienestar y felicidad. La nieve que expulso con mi snowboard penetra en mi cuerpo y noto que en cada giro mis pies se introducen dentro de la corteza de la montaña. Como un instinto, me hago un recto, y sin realizarme preguntas piso mi tabla hacia delante radicalmente, como si me fuera a lanzar al pipe. Penetro en la montaña. Atravieso diferentes estratos sintiéndome parte de ellos. Continuo el descenso mientras mi cuerpo se expande hasta rellenar completamente la masa corpórea de todas las montañas, unidas entre si por su núcleo. Noto el abrazo del mar y el frió de la nieve.

Ahora yo soy la MONTAÑA

 

 

Carpe Fucking Diem

 
Hoy me desperté pensando... Pensando en las cosas que no pasan y en las que suceden sin llamarlas. Pensando en las que busco inconscientemente y en las que nunca encontraré.
De pronto, dejé de pensar y decidí sentir. Tomé mi café, preparé mi mochila y decidí pasar el dia lejos de todo el mundo.
Caminé a buen paso por una senda que serpentea graciosamente entre las propiedades de los lugareños. Poco a poco, iba dejando atrás las pequeñas edificaciones cuyos tejados formaban un mosaico de color oscuro. Me detuve a descansar en el último recodo del camino,donde este se enfrentaba ya con la montaña. Dejé caer mi mochila con cuidado y me senté cómodamente en el talud de la senda. Descansé un rato con las piernas separadas y los codos apoyados en los muslos. Volvi a pensar (lo bueno de estar en crisis existencial es que te hace ver las cosas con una claridad que es imposible conseguir cuando tu mente está inmersa en lo convencional, y tu conciencia más dormida que despierta.)
Abrí los ojos y con un movimiento brusco, recogí la mochila y reanudé mi camino. Un precioso valle apareció ante mi.
A medida que iba caminando, un concierto de campanillas y cencerros llegaba a mis oidos. Un rebaño de ovejas se divisaba a lo lejos y un hombre, sentado en una roca, observaba sus movimientos. Dirigi mis pasos hacia él, con la intencion de preguntar por la ruta más rapida hacia la cima. Cuando llegue a él, me encontré con un hombre de edad avanzada.
Su rostro estaba quemado por el sol, curtido por las tormentas y cincelado por los largos años de vida ruda y ascética. Tenia unos ojos sin vida, protegidos por unas pobladisimas cejas de una movilidad extrema. Sus manos eran verdaderas palas, nudosas, peludas y agrietadas. En una de ellas sostenia una vieja pipa.
Le pregunté por el camino mas directo a la cima. El, ignorando mi pregunta, me miró durante unos segundos. Se llevó la pipa a la boca y prendió fuego al esponjoso tabaco que emitiendo un chisporreteo se tornó en una incandescecia carmesí. Expulsó el humo de su boca, y se quedó mirando las caprichosas formas que el humo tomaba mientras se alejaba de nosotros. Luego me volvió a mirar, y sin venir a cuento me preguntó:
-¿Eres feliz?
-Creo que si-le contesté, no sin cierta sorpresa.
El volvió a fumar de su pipa y yo me deshice rapidamente de mi mochila para sentarme cómodamente junto a ese anciano. Sabía que algo importante me iba a decir.
-Tengo 87 años, noto como cada dia la vida escapa de mi cuerpo, igual que esas bocanadas de humo se alejan de nosotros y acaban desapareciendo, y no dejo de pensar en lo que pude haber hecho y no hice.
Yo me quedé callado, reconociendo rapidamente una conversacion alejada de mi entendimiento.
-Yo tambien pensaba que era feliz -me dijo- . Pero te veo y me doy cuenta que buscas la felicidad en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad esta en la forma de subirla. Yo fui una de esas personas que vivió sensatamente cada minuto de su vida. Trabajando hasta desgastar mi cuerpo por asegurarme un futuro, un futuro que ahora no existe. Si pudiera volver atrás, trataria de tener solo buenos momentos, de trabajar para vivir y no al revés. No dejaria morir mis sentimientos en mi cabeza sin dejarlos salir afuera. Me permitiría tener más fallos y pensaria que es más fuerte el que supera los errores que el que nunca los tiene. Dormiría poco, soñaria más. Hablaría con la gente a la que solo saludo, reiria menos frente al televisor y más frente a la vida. Me pondría más veces en el lugar del otro. No esperaría a realizar las cosas hasta que tenga la red de seguridad preparada, viajaría más y no pensaría que el amor desaparece cuando envejeces, sino que envejeces cuando no amas. Y lo más importante...
Llegado a este punto, el me miro a los ojos, y señalándome con la bocacha de su pipa, me dijo:
-No esperes a tener mi edad para pensar de esta manera. La vida no te la tienes que ganar, te la regalaron tus padres sin preguntarte si la querias. No tienes que seguir los dogmas de tu familia a cambio. Vívela como tu hayas decidido y disfrútala con una sola norma: Tu libertad se acaba donde comienza la de los demas.

Ese dia no me hizo falta llegar a la cima para encontrar respuestas.

Hombres Grises

 

Es lunes por la mañana y salgo dando tumbos del peor antro de la ciudad, con olor a tabaco en la ropa y un aliento a cenicero. La noche fue larga y solo pienso en llegar a casa y tirarme en la cama. Mi cabeza todavía esta algo revolucionada y mis oídos extrañan el ruido insoportable de la música de aquel garito al contrastarla con la cacofonía del trafico y claxons de los coches.
Levanto la vista, y a mi alrededor un montón de hombres grises teledirigidos y con maletines caminan con cierta prisa, y probablemente, pisando las mismas huellas de todas las mañanas.
Como un juego, intento adivinar el tipo de vida que hay detrás de cada rostro, de cada persona que pasa rodeándome sin fijarse en mi, más que en un obstáculo físico que se interpone en la línea recta que existe desde su casa al trabajo.
En sus rostros solo veo esperanza sofocada por una rutina mortífera.
Muchos de esos rostros viven la vida de una manera muy diferente a nosotros. Son personas que no comparten nuestros sueños y ambiciones.
Pero es normal que no todos tengamos los mismos sueños, por eso yo respeto la manera de vivir de todo el mundo, incluso cuando para muchos soy un perdedor, yo les respeto, y precisamente eso es lo que me libra de no serlo.
Los actos de bravura de los hombres grises consisten en levantarse por la mañana temprano, no estar de acuerdo con su jefe y comentarlo con sus compañeros o ponerse una corbata que no haga juego con el traje. Quizá tienten lo desconocido comiendo en un restaurante tailandés , viajando fuera de su país o hablando en el ascensor, sin aparentes prejuicios, con el vecino homosexual.
Considero que la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace la vida interesante. Yo veo la vida de muchas personas increíblemente absurda y a veces me gustaría ser igual de absurdo. Me gustaría ser como los demás, con pocas necesidades y ambiciones mediocres. Me gustaría conformarme con un buen coche, una hipoteca de la casa no muy alta, un trabajo digno con cesta de navidad, fines de semana libres para emborracharme el sábado noche con los amigos, ir a putas de vez en cuando y una mujer no muy lista esperándome en casa, viendo el programa de Maria Teresa Campos.
En definitiva, me gustaría que para mi la vida solo fuese "algo" que transcurre mientras hago lo que me han dicho que tengo que hacer, y que otros ya lo han hecho antes. Me gustaría no tener que pensar si va a nevar, si tengo dinero para el forfait, si mi tabla no esta encerada o si mis sponsors ya no confían en mi.
Intento pensar en qué me hace diferente de esos hombres grises, y a pesar de lo alocada que va mi cabeza en esos momentos, la respuesta me viene a la cabeza antes de hacer la pregunta. El snowboard.
Yo no me pregunto cada mañana que hago aquí, por que el snowboard se cruzó en mi vida y le dio sentido. Trabajo para vivir y no vivo para trabajar. No me tengo que ganar la vida, por que la vida es gratis y lo único que me tengo que ganar es el respeto y amistad incondicional de mis amigos.
Sigo caminando, y a pesar del garrafón mezclado con esencia marroquí, que corre por mis venas intento pensar en la motivación de estas personas para ir a la oficina, y creo encontrar su preocupación, el futuro.
Para mi el futuro dura bien poco, desde que pienso estos renglones hasta que ya acabo de escribirlos el futuro ya se convirtió en pasado y no por desconocer cómo voy a vivir dentro de unos años mi futuro es mas incierto que el de los hombres grises.
Por fin llego a casa. Con un solo movimiento me quito los gallumbos, pantalones, calcetines y zapatos. Tiro la camiseta lejos de la cama, para que su olor no me perturbe el sueño y me deslizo dentro de la cama.
Justo antes de empezar a luchar para encontrar descanso en el camarote de este improvisado barco en plena tormenta, que es ahora mi cama, me prometo a mi mismo que en cuanto me despierte conduciré mi furgoneta hacia la montaña, mi futuro.

El espejo no miente

 
¿Cuál es tu problema? Creo que lo se. Lo ves en el espejo todas las mañanas. Sabes que no tendría que ser así, pero cocinaste la receta que te entregaron tus padres, te la engulliste y te vestiste con la vida de otro. Cada bocanada de aire envenenado que compartes con esa ciudad es el pago que debes asumir por tu error.
Con cada roce de la navaja de afeitar sobre tu cara te preguntas a ti mismo por que tienes que esperar hasta el fin de semana para hacer snowboard.
¿No estas harto de de estar tentado por un estilo de vida alternativo, pero atado por cadenas que tu mismo has escogido? ¿No te carcome la duda de si has elegido el camino correcto?
Como el hielo es duro, la mañana del lunes es ingrata. Sobrellevas la resaca de emociones del fin de semana bajo un traje y una corbata estrictos y decorosos. Sueles conducir al trabajo escuchando el canal de radio mas popular e incluso te sabes los estribillos de muchas canciones pachangueras. ¿Dónde esta la honradez con la que escuchabas Bad Religión y NOFX cuando eras joven?
Luego vuelves a mirar al espejo, tu rostro te mira y te devuelve la mirada acusándote: ¿Cómo puedes vivir con una sola dosis semanal? Utiliza este espejo para llegar hasta el corazón y ver tu ser verdadero, usa la navaja de afeitar para cortar lo que no necesites. La vida que quieres vivir no tiene receta. Para empezar, la receta fue lo que te trajo hasta aquí. No te despiertes mas con un collar de sueños no realizados, levántate e inténtalo, o mejor, simplemente hazlo. Vive de verdad ese estilo de vida, no solo lo hagas de boquilla. Vive con compromiso. Vive con emoción. Vive con honradez la vida que hayas elegido. Abandona esa idea de complacer a tus padres si no coincide con lo que tú quieres para ti. Deja de hacer un montón de cosas diferentes y ninguna bien. Di la verdad, primero a ti mismo, hasta que duela. Ponte el pelo como a ti te guste, olvídate de las canas y la calvicie. Si eres bueno en lo que haces a ninguno le importara tu pinta. Aprende la diferencia que hay entre hacer snowboard y lo que tú has estado haciendo. Olvídate de la costumbre de ser agradable con todas las personas que conoces. ¿Se lo merecen? Di “no” mas a menudo.
Deja de hacer poses en fiestas semanales vestido de rider. Tu 180 backside o la tabla que te acabas de comprar no le importan a nadie. Deja de intentar ligar con las chicas contándoles que eres un pájaro enjaulado en tu destino de cemento y polución. Quita las pegatinas de marcas surferas de tu coche, y deja de pagar 100 euros por una sudadera con el nombre de una marca en el pecho.
Pero un corte de pelo y una banda sonora no hacen un hombre nuevo. Mientras tengas una red de seguridad regresaras a tus antiguos hábitos en cuanto encuentres un poco de resistencia en el camino. Quema los puentes, dinamita los cimientos, corta la salida para que no haya vuelta atrás. Una vez que te hayas comprometido aflorara la verdad y entonces no buscaras a Dios en una cruz, sino en el cielo ultravioleta de la montaña.